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¿Por qué el tiempo es tan injusto? Cada jornada de trabajo parece una condena, una cena con amigos se me escurre entre los dedos. Los buenos momentos dejan rastros; pero los malos abren heridas que duelen siempre. Me hartó la fugacidad de los fines de semana en la playa y el lento, agobiante transcurrir de las colas en el supermercado.
Conseguir la escopeta, apuntar a mi cara y gatillar con el dedo del pie no fue difícil. El estruendo resultó menos espectacular que en las películas. Pero los perdigones, avanzando cada vez más despacio hacia mi rostro, me desesperan.
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