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Y el teórico volvió a matar a la novela y el crítico la veló.
Y el escritor volvió a escribir la novela y el editor la editó y el lector volvió a leer la novela y el crítico la alabó.
Y el teórico volvió a matar a la novela y el crítico la lloró.
Y el escritor escribió la novela y el teórico la desdeñó y el lector la leyó y el editor se relamió y el crítico, por prudencia, se abstuvo.
Y el teórico volvió a matar a la novela.
Y el crítico la enterró.
Y el escritor volvió a escribir la novela y el editor la editó y el lector la leyó y el crítico la alabó y el teórico la mató y el escritor lo ignoró y, de nuevo, la escribió.
Y a todo esto la novela, ahí, muriéndose, pero de risa.
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Y el teórico volvió a matar a la novela y el crítico la veló.
Y el escritor volvió a escribir la novela y el editor la editó y el lector volvió a leer la novela y el crítico la alabó.
Y el teórico volvió a matar a la novela y el crítico la lloró.
Y el escritor escribió la novela y el teórico la desdeñó y el lector la leyó y el editor se relamió y el crítico, por prudencia, se abstuvo.
Y el teórico volvió a matar a la novela.
Y el crítico la enterró.
Y el escritor volvió a escribir la novela y el editor la editó y el lector la leyó y el crítico la alabó y el teórico la mató y el escritor lo ignoró y, de nuevo, la escribió.
Y a todo esto la novela, ahí, muriéndose, pero de risa.
3 comentarios:
Mejor morir de risa que vivir de pena. De toda la vida
aguante la polifonía!!!!!
La literatura, como diría Maradona, la tenés adentro.
Comentá en mi blog, amargo!
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